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Sandy aún impacta en una N. York tensa


Todavía a la intemperie, mucha gente depende de la ayuda alimentaria en Nueva Jersey y otros lugares de la costa noreste de Estados Unidos, afectada la semana pasada por el huracán Sandy. La «supertormenta» alteró la normalidad del último tramo de la campaña electoral.
 
Nueva York (enviado especial) - A seis días de la tragedia provocada por el huracán Sandy, Nueva York sigue partida al medio, casi irreconocible.

La extensión del subte, que recién ayer fue ampliado hasta Union Square, epicentro de la zona sur de Manhattan, marcó una línea divisoria entre los barrios del centro y el norte, como la zona de Times Square y Upper East Side y Upper West Side, y las calles más castigadas por la embestida del ciclón, como las de Wall Street, Battery Park, China Town, Soho, Tribeca, West Village, East Village y Greenwich Village.

Estos últimos barrios, por segmentos en absoluta oscuridad, lucieron desiertos durante las noches del fin de semana. De alguna manera, Manhattan se pareció un poco más a otras grandes urbes del mundo, con un centro y barrios aledaños relativamente activos, que fueron languideciendo en la medida en que el caminante se alejaba de las luminarias, hasta transformarse en inhóspitos. 

Los pisos en el edificio de lujo One Main Street, en Dumbo, Brooklyn, con una vista panorámica única hacia Manhattan, cuestan u$s 19 millones. El agua no pidió permiso y sus habitantes la pasan mal aún hoy. En cualquier caso, el drama fue mucho menor que en Staten Island, la pequeña isla ubicada detrás de la Estatua de la Libertad, donde murieron 19 de las 41 víctimas fatales que tuvo el estado de Nueva York. Entre éstas se encuentran dos niños de 2 y 4 años, que se le escaparon de las manos a su madre, Gloria Moore, en plena correntada. Se estima que fueron destruidas 40.000 viviendas y muchos de sus habitantes aún no cuentan con un techo donde alojarse.

El huracán tuvo consecuencias humanitarias, pero también políticas. Chris Christie, gobernador de New Jersey, una cara relativamente moderada de los republicanos -la única forma que tienen de hacer pie en los estados del noreste-, pareció dar un giro político abrupto. Había llamado «marxista de Harvard» a Barack Obama y se había mofado de sus condiciones de líder. Tras abrazarse con él entre las ruinas provocadas por Sandy, dijo a las víctimas que el actual mandatario será «un gran presidente por otros cuatro años». ¿Se borocotizó? No es para tanto: aclaró que no lo votará, pero lo dicho, dicho está. Similar giro tuvo Michael Bloomberg, el alcalde de Nueva York, un exrepublicano a quien la tragedia le hizo abandonar la prescindencia.

Se habla de costos a causa del huracán por 50.000 millones de dólares entre daños materiales y la actividad económica que se verá resentida. Uno de esos negocios arruinados es el del maratón de Nueva York, que Bloomberg trató de preservar todo lo que pudo hasta que los damnificados, sin comida, con sus casas destruidas, empezaron a expresar su ira. El color naranja de la empresa patrocinante, ING, comenzó a abandonar el Central Park el sábado. No obstante, muchos corredores se quitaron las ganas entre las máquinas que desmontaban gradas y vallas. Fue la primera vez desde 1970 que Nueva York se quedó sin su maratón anual.

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