Lima (enviado especial) - La victoria de Ollanta Humala representa la primera en 26 años de una propuesta que, aun con sus lagunas y matices, se define como de centroizquierda en el arco político peruano. A su vez, desde aquel triunfo de Alan García en 1985, ningún candidato había logrado abrumadoras ventajas regionales del orden del 75% contra el 25% del perdedor, como las que obtuvo el presidente electo en departamentos como Cusco, Ayacucho y Puno, recordó ayer el analista político Carlos Meléndez.
El resultado electoral expresa, a criterio del historiador Antonio Zapata, de la Universidad Católica, a tres grandes sectores que tenían motivos para sentirse excluidos ante un eventual triunfo de Keiko Fujimori.
Por un lado, Zapata especificó ante Ámbito Financiero que, «en las zonas del país donde hay un mayor desarrollo capitalista relativo (Lima, centroeste y noreste), los triunfos de Keiko han sido bien ajustados».
En cambio, en el sur del país, agregó el analista, «han votado masivamente por Humala. Si bien es cierto que tiene ciudades importantes, como Arequipa y Cusco, ello demuestra que las demandas alrededor de la minería y la agricultura van a estar a la orden del día por parte de poblaciones que se sienten afectadas».
Con el escrutinio a la vista, zonas de explotación minera, rubro que explica dos tercios de los u$s 34.000 millones que exporta Perú, parecen sinónimo de derrota de Fujimori.
Las protestas contra los yacimientos a gran escala enarbolan la defensa de la agricultura y las minerías familiares o comunitarias en zonas con deudas sociales monumentales y que, paradójicamente, no han visto un cobre del crecimiento macroeconómico peruano. Se suma a ello la defensa del recurso turístico, capital que explota, más que ninguna región, Cusco. En consecuencia, además de los prometidos planes de asistencia universal a menores y ancianos, se espera de Humala la aplicación de mecanismos de consulta con las poblaciones locales y su participación efectiva en los mecanismos de control de la actividad minera.
Como contratara, Fujimori cosechó triunfos claros pero menores de lo previsto en Lima y en departamentos de alta densidad poblacional, tanto conservadores tradicionales como populares, que se vieron beneficiados por la estabilidad y el ingreso de divisas del auge exportador.
El segundo eje pro Humala que señala Zapata viene dado por la drástica ruptura de «redes clientelísticas que habían sido históricas del fujimorismo en el campesinado». Como botón de muestra, en el departamento de Ayacucho, con alto componente de economía agrícola y antiguo bastión del exmandatario hoy detenido, Humala obtuvo cerca del 73% de los votos. Allí emergen las dificultades de los pequeños productores peruanos para competir con otros mercados que hoy tienen ingreso libre a la economía local gracias a los tratados de libre comercio que Perú firmó con Europa, Estados Unidos, Japón y otros países.
Un tercer núcleo electoral en el que abrevó el candidato nacionalista es el del sentir antifujimorista de las capas medias. Humala agrupó en torno a sí a sectores de izquierda y de centro (especialmente los votantes de Alejandro Toledo) que tienen un rosario de reclamos contra Alberto Fujimori, expresidente y padre de la candidata de derecha. |
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