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Damián Pachter y la dignidad del Herald

Escribe Sebastián Lacunza - Director de la edición impresa del Buenos Aires Herald

Pasada la medianoche del domingo 18 de enero, un colega me consultó si era "en serio lo del periodista del Herald". Así fue como llegué al ya célebre tweet de Damián Pachter: "Encontraron al fiscal Alberto Nisman en el baño de su casa de Puerto Madero sobre un charco de sangre. No respiraba". De inmediato, me puse en contacto con Pachter, redactor del sitio web BuenosAiresHerald.com, mientras su jefe directo, Pablo Jiménez, había hecho lo propio.

Le pedimos a Pachter que redactara la noticia mientras ambos, junto a un editor de Ámbito.com y otro del Herald impreso, nos abocábamos a confirmar el hecho con otras fuentes. Ratificada la información tal cual la había tuiteado el periodista, cerca de las 2:30 subimos la nota al portal del Herald. Por supuesto, con la firma de Damián Pachter.

Nadie durmió esa noche. Al día siguiente, felicité a Damián por haber confiado en la fuente adecuada que le había permitido difundir la noticia que, quizás, sería la más impactante de su carrera profesional. También le dije que este tipo de noticias deben ser compartidas con el medio en el que trabaja, tanto por el interés del mismo como por su propio prestigio profesional, que se habría visto aún más incrementado si la información hubiera surgido de una nota periodística con su firma. El redactor de la puntocom, que tenía franco el domingo, me dio sus explicaciones pero entendió mi punto de vista. Enfaticé que en un día histórico como ese lunes, su lugar estaba en la redacción. Más tarde, cansado como estaba, me agradeció la insistencia

Solicité a Damián que escribiera una nota sobre la experiencia vivida durante aquellas horas. Su nombre ya giraba por webs y diarios del mundo. El artículo salió al día siguiente en el Herald con mención en tapa bajo el título "Cuando una fuente confiable brinda una primicia inesperada".

Desde la madrugada del lunes iniciamos una semana con un contacto mucho más fluido que hasta entonces. El BuenosAiresHerald.com se encuentra bajo la órbita de la Dirección de Contenidos Digitales del Grupo Ámbito, mientras que yo dirijo el diario impreso Buenos Aires Herald. Trabajamos con cierto grado de coordinación pero son jefaturas separadas, por lo que mis encuentros con Damián habían sido ocasionales.

El redactor que informó primero sobre la muerte de Nisman demostró la tensión previsible para un joven que se encuentra ante un aluvión de interés inabarcable. A esta situación especial y con el foco puesto en el caso Nisman, una mención a una tapa del Buenos Aires Herald por parte de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner sumó atención hacia nuestra redacción, que es pequeña.

El jueves 22 de enero vi a Damián un poco más calmo. A las 19.30 debí retirarme unas horas y mantuvimos un breve diálogo sobre la puntocom. Un rato después, de acuerdo a lo que luego sería conocido, Damián dejaría la redacción al acceder a información, a la que le otorgó credibilidad, de que su vida corría peligro. Antes había mantenido un diálogo con uno de los secretarios de redacción del Herald, Daniel Politi, en el que manifestó su enfado por una cita errónea en un cable de la agencia Télam ("no respiraba" fue cambiado por "sin vida").

Al día siguiente, al notar su ausencia, bajé a preguntar qué ocurría. Cerca de las 18, el director de las webs del Grupo Ámbito logró comunicarse con Pachter, quien manifestó no sentirse bien por lo que estaba concurriendo al médico. Finalmente, a las 14 del sábado, nos encontramos con la noticia en el sitio Infobae de que el periodista del BuenosAiresHerald.com había dejado el país con temor por su vida. En ese momento comenzó la secuencia que todos conocemos.

Ciertas voces, incluso algunas respetables, consideraron que el diario había "dejado solo" a Damián Pachter. Quiero ser enfático en esto: Damián no expresó a sus editores y colegas de redacción ningún indicio de que tuviera temor o de que se sintiera perseguido. Ni siquiera a los compañeros más cercanos a su puesto de trabajo. De mi parte, no cuestiono en nada su decisión de mantener reserva y de acudir a otro medio. Una persona con temor tiene derecho a elegir el camino que considere adecuado para hallar seguridad; tan sólo comparto la información necesaria para comprender la situación.

El Herald es un diario comprometido con la lucha de los derechos humanos. Tenemos contacto con organismos de todas las tendencias, desde las más oficialistas hasta las más críticas. Sus voces aparecen en el diario casi todas las semanas, de manera que si hubiéramos tenido conocimiento de que el redactor de la puntocom estaba siendo amedrentado por servicios de inteligencia, habríamos alertado a toda la red y encabezado el reclamo de protección.

Una vez que me enteré de su partida del país, me comuniqué con el colega de Infobae Adrián Bono, quien lo había acompañado a Aeroparque. De su relato me quedó la tranquilidad de que el redactor de la web del Herald, si estaba amenazado tal como lo había percibido, ya no corría peligro alguno. Me alegra sinceramente que ahora se sienta en paz y seguro en Israel.

Como un efecto colateral, algunas opiniones señalaron en estos días al Buenos Aires Herald como un diario "K". Estoy convencido de que ello sólo puede ser dicho desde la desinformación. Al respecto, no se me ocurre mejor respuesta que sugerir a cualquier interesado genuinamente en el tema que compre el diario una semana seguida, que acuda a una hemeroteca o apele a Google para rastrear tapas, notas y editoriales. Hallará elementos críticos hacia el Gobierno nacional y todos los factores de poder con suma facilidad. Me animo a decir que la pluralidad de columnistas que exhibe el Herald es un exotismo en el periodismo argentino.

En cualquier caso, lo central es que Damián no fue dejado sólo por sus compañeros ni sus editores, ni por la redacción del diario que dirijo. En el Herald somos un grupo reducido, diverso y digno.

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