Ir al contenido principal

La ESMA y la farsa

No es menor el debate sobre el destino y los usos de la ESMA. Hay experiencias de campos de concentración cuyos edificios fueron preservados más o menos como cuando estaban en funcionamiento, exterminando personas. Auschwitz, por caso, tiene partes en ruinas, otras desmanteladas, otras más o menos intactas y otras más "museísticas". En todas, al menos el día que fui, primaba el silencio. Muchos otros centros de tortura y muerte en el mundo siguieron funcionando como dependencias estatales, quizás con alguna plaqueta recordatoria, y varios menos se transformaron en museos, centros culturales, etc. Asistí a la ESMA a debates, algún recital, muestras artísticas. También fui, hace poco, con un grupo de periodistas, al casino de oficiales, donde fucionaban capucha, capuchita, el lugar de los partos y las salas de tortura. Esa parte, despojada de todo, se parece en algo a ciertas barracas de Auschwitz, con todas las diferencias imaginables. Es decir, hay espacios de la ESMA totalmente resignificados y otros que permanecen casi intactos como fueron liberados, vale recordar, después de que hubieran sido utilizados como dependencias militares durante dos décadas de "normalidad" democrática. Algo bastante sano hemos hecho los argentinos con nuestra memoria como para saber que, por suerte, no hay recetas mágicas que suturen el pasado. Entiendo y respeto el choque de opiniones sobre qué hacer con la ESMA, especialmente entre víctimas directas de la represión. Lo que sí tengo claro es que aprovechan el caso farsantes que se "preocupan" por un asado en la ESMA, desinformando, tergiversando, con el único objetivo de enturbiar la discusión pública. La farsa de indignarse por un acto festivo en el principal campo de concentración de la dictadura, que hoy busca otro destino, cuando se elude o se eludió durante décadas condenar a esa dictadura que perpetró el exterminio. Muy de esta época.

Entradas más populares de este blog

Damián Pachter y la dignidad del Herald

Escribe Sebastián Lacunza - Director de la edición impresa del Buenos Aires Herald Pasada la medianoche del domingo 18 de enero, un colega me consultó si era "en serio lo del periodista del Herald". Así fue como llegué al ya célebre tweet de Damián Pachter: "Encontraron al fiscal Alberto Nisman en el baño de su casa de Puerto Madero sobre un charco de sangre. No respiraba". De inmediato, me puse en contacto con Pachter, redactor del sitio web BuenosAiresHerald.com, mientras su jefe directo, Pablo Jiménez, había hecho lo propio. Le pedimos a Pachter que redactara la noticia mientras ambos, junto a un editor de Ámbito.com y otro del Herald impreso, nos abocábamos a confirmar el hecho con otras fuentes. Ratificada la información tal cual la había tuiteado el periodista, cerca de las 2:30 subimos la nota al portal del Herald. Por supuesto, con la firma de Damián Pachter. Nadie durmió esa noche. Al día siguiente, felicité a Damián por haber confiado e...

Orgullo y prejuicio del habla rioplatense

Sebastiàn Lacunza Resulta que en el extremo sur del mundo hay un extenso territorio poco poblado, y que antes de ser país fue, al menos durante un par de siglos, bastante ninguneado por el imperio. Que desde los preparativos de su independencia, gran parte de sus intelectuales y dirigentes creyeron tener alma francesa o inglesa, jamás española. Pero más tarde, ese país recibió una gringada inconmensurable, ante lo que otra elite buscó refugio de identidad en la antes despreciada España. Hay más. Ese extraño país negó sus rasgos indígenas hasta donde pudo y fue variando a lo largo de las décadas sus complejos en relación a Europa y, la novedad, Estados Unidos . A la hora de pintar su carácter, muchos coinciden en que esta tierra es, por un lado, bastante tilinga, y por el otro, alberga una creatividad explosiva, que juega y seduce con su habla. Por todo ello y mucho más es que la variante del español que se habla en Argentina adquiere particularidades tan distintivas en cuanto a su ento...

Pablo Casado, o el manual del error para lidiar con la ultraderecha

El presidente saliente del Partido Popular español alternó su posición entre resistir el desafío de Vox y el ala dura de su partido, e imitar su discurso. Finalmente, terminó por no conformar a nadie. Publicado el  26 de febrero Escribe  Sebastián Lacunza   en  Europa En el lapso de siete días, Pablo Casado vio cómo su papel de jefe de la oposición española quedó fagocitado. El 16 de febrero por la noche, el presidente del Partido Popular (PP) fue tomado por sorpresa por un golpe de una rival interna. En horas y días siguientes, desorientó a todo el mundo con movimientos erráticos, midió mal sus fuerzas y terminó pidiendo clemencia para que los “barones” del Partido Popular no lo echaran con deshonra. El tenue auge y la estrepitosa caída de Casado (Palencia, 1981) deben ser analizados en el marco de las lógicas y la tradición políticas de su país, pero también brinda indicios sobre los desafíos que suponen las nuevas derechas rebeldes y, sobre todo, qué es lo que no ...