Ir al contenido principal

Los fallidos códigos de ética, en La Ventana, Página 12

Fallidos códigos de ética

Sebastián Lacunza reflexiona sobre la vigencia de los códigos de ética y ensaya propuestas alternativas.

Por Sebastián Lacunza *

Una mención de Cristina Kirchner a la necesidad de una ley de ética periodística devolvió a la superficie el debate sobre deontología profesional. Descartada como analizable la riesgosa hipótesis de que el Estado legisle sobre el tema, se presenta la oportunidad de analizar la utilidad de códigos de ética dictados por empresas, colectivos o sindicatos, definidos como autorregulatorios.

A la luz de experiencias nacionales e internacionales, podríamos concluir que la incidencia de esos textos es inversamente proporcional a la ambición contenida en sus postulados. A mi juicio, por dos motivos centrales.

1. Buena parte de lo prescripto son cuestiones evidentes, de las que antes que los códigos de ética se ocuparon los códigos penales y civiles.

2. Los aspectos más debatibles y menos (o no) judicializables forman parte de una letra que se torna inocua en momentos críticos, o que se presenta tan rígida que no contempla realidades que merecen consideraciones diferentes.

Sobre el primer punto, resulta obvio que ningún texto que fije pautas de comportamiento para periodistas se arriesgará a contradecir un ordenamiento jurídico democrático. Plagiar, mostrar el rostro de un niño sin permiso, violentar la intimidad, espiar a las fuentes o a colegas, agraviar a una minoría o inventar un testimonio motivan sanciones judiciales o administrativas de distinto grado.

En cuanto a los aspectos más debatibles e interesantes, muchos artículos, lejos de “orientar” comportamientos (la opción de mínima que los defensores de códigos de ética suelen enarbolar), terminan condenando a periodistas que ejercen la profesión en condiciones desventajosas, mientras permiten a quienes manejan más dinero, poder y relaciones sortear todo incumplimiento formal.

Varios son los ejemplos acerca del punto de fuga a la hora de la verdad, cuando las prescripciones de los códigos se tornan inocuas. Uno notorio se dio en Estados Unidos, donde todo medio de calidad que se precie de tal enarbola su código de ética, pero ello no evitó que The New York Times (NYT) o The Washington Post (WP) actuaran como vehículos de la falsa versión de George W. Bush sobre las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein. En consecuencia, en 2002-2003, en la nada quedaron el doble chequeo de datos, el off the record sólo como excepción y la debida distancia con las fuentes, un “abc” de las autorregulaciones.

Los ejemplos también recorren Europa. Periódicos referentes han evidenciado en años recientes bruscos cambios de postura en función de las alianzas políticas y económicas de sus empresas editoras, atenuados recién cuando se quejaron los lectores. Se trata del famoso contrato de lectura, antes que de cualquier otra cosa, y que también llevó al NYT y al WP a encabezar más tarde el esclarecimiento de las mentiras del Pentágono sobre Irak.

No todo son grandes trazos editoriales que llevan por delante pretenciosos artículos. Por caso, los códigos suelen dedicar uno o varios puntos a prohibir que los periodistas se ocupen de conseguir pauta publicitaria.

Este principio así declamado cabe tanto a los periodistas que trabajan, por ejemplo, en Goya o Berazategui, como a los rostros más conocidos e influyentes de Buenos Aires. De acuerdo con la norma, los primeros se verían forzados a lograr uno de los pocos puestos formales que se ofrecen en sus ciudades o a resignarse a abandonar la profesión, ya que en cierta parte de la Argentina, el acceso a un micrófono o a una página va atado a conseguir el auspiciante.

Por el contrario, editores reconocidos tendrán siempre a mano ofertas de productoras para gestionar los más variados formatos para multiplicar sus ingresos (boletines, asesorías, charlas, etc.) y que les permitirán salvar todo incumplimiento en las formas. Dicho esto, abundan ejemplos de periodistas que se desempeñan en mercados reducidos y abusan al amparo de la “necesidad” de conseguir avisos, así como de importantes editores que escapan a maquillajes para hacer negocios.

Hace dos años, dado que tiempo atrás corredacté un código de ética, le pregunté al colombiano Javier Darío Restrepo, experimentado editor y experto en deontología, si estos textos no estaban condenados a transformarse en ornamentos. Me respondió que ello podría ocurrir, pero que, aun así, serían útiles como un “faro” orientativo. Si ése es el objetivo, cabe preguntarse entonces si no son mucho más convenientes y sinceras breves declaraciones de principios que den cauce a un medio o a un colectivo, antes que detallados artículos destinados a ser burlados.

Por lo demás, una mejor formación de los periodistas, la desconcentración del mercado, medios públicos ejemplares, instituciones como el defensor de las audiencias, controles cruzados, decálogos breves, sindicatos activos y algún tipo de derecho a réplica aparecen como herramientas genuinas que contribuirían a cometer menos pecados.

* Periodista en Ambito Financiero y docente de Comunicación Periodística en UCES.

@sebalacunza

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Damián Pachter y la dignidad del Herald

Escribe Sebastián Lacunza - Director de la edición impresa del Buenos Aires Herald Pasada la medianoche del domingo 18 de enero, un colega me consultó si era "en serio lo del periodista del Herald". Así fue como llegué al ya célebre tweet de Damián Pachter: "Encontraron al fiscal Alberto Nisman en el baño de su casa de Puerto Madero sobre un charco de sangre. No respiraba". De inmediato, me puse en contacto con Pachter, redactor del sitio web BuenosAiresHerald.com, mientras su jefe directo, Pablo Jiménez, había hecho lo propio. Le pedimos a Pachter que redactara la noticia mientras ambos, junto a un editor de Ámbito.com y otro del Herald impreso, nos abocábamos a confirmar el hecho con otras fuentes. Ratificada la información tal cual la había tuiteado el periodista, cerca de las 2:30 subimos la nota al portal del Herald. Por supuesto, con la firma de Damián Pachter. Nadie durmió esa noche. Al día siguiente, felicité a Damián por haber confiado e...

Orgullo y prejuicio del habla rioplatense

Sebastiàn Lacunza Resulta que en el extremo sur del mundo hay un extenso territorio poco poblado, y que antes de ser país fue, al menos durante un par de siglos, bastante ninguneado por el imperio. Que desde los preparativos de su independencia, gran parte de sus intelectuales y dirigentes creyeron tener alma francesa o inglesa, jamás española. Pero más tarde, ese país recibió una gringada inconmensurable, ante lo que otra elite buscó refugio de identidad en la antes despreciada España. Hay más. Ese extraño país negó sus rasgos indígenas hasta donde pudo y fue variando a lo largo de las décadas sus complejos en relación a Europa y, la novedad, Estados Unidos . A la hora de pintar su carácter, muchos coinciden en que esta tierra es, por un lado, bastante tilinga, y por el otro, alberga una creatividad explosiva, que juega y seduce con su habla. Por todo ello y mucho más es que la variante del español que se habla en Argentina adquiere particularidades tan distintivas en cuanto a su ento...

Pablo Casado, o el manual del error para lidiar con la ultraderecha

El presidente saliente del Partido Popular español alternó su posición entre resistir el desafío de Vox y el ala dura de su partido, e imitar su discurso. Finalmente, terminó por no conformar a nadie. Publicado el  26 de febrero Escribe  Sebastián Lacunza   en  Europa En el lapso de siete días, Pablo Casado vio cómo su papel de jefe de la oposición española quedó fagocitado. El 16 de febrero por la noche, el presidente del Partido Popular (PP) fue tomado por sorpresa por un golpe de una rival interna. En horas y días siguientes, desorientó a todo el mundo con movimientos erráticos, midió mal sus fuerzas y terminó pidiendo clemencia para que los “barones” del Partido Popular no lo echaran con deshonra. El tenue auge y la estrepitosa caída de Casado (Palencia, 1981) deben ser analizados en el marco de las lógicas y la tradición políticas de su país, pero también brinda indicios sobre los desafíos que suponen las nuevas derechas rebeldes y, sobre todo, qué es lo que no ...