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Triunfal, Rajoy prepara su ajuste y un elenco de incondicionales

Escribe
Sebastián Lacunza
Enviado especial a España

Madrid - Las puertas de la Moncloa se le abren de par en par a Mariano Rajoy, y ello lo pone en etapa de definiciones. El candidato conservador dejó trascender que proyecta un gabinete que incluirá a independientes (lo que no es sinónimo de tecnócratas, aclara su entorno) para enarbolar, no bien asuma, «un mensaje de confianza», mientras sus hombres ya entablan conversaciones directas con la Unión Europea.
Esa «confianza» a ser generada implica, de acuerdo con lo que deslizó Rajoy ante la prensa local, recortes que podrían poner todo en juego, excepto las jubilaciones. Si un argumento de campaña ha resultado demoledor en contra del oficialista Alfredo Pérez Rubalcaba, que defiende en sus actos proselitistas «la España social» frente a la avanzada liberal, es que fue el Gobierno del PSOE el que congeló las jubilaciones en 2010. «Nunca más», prometió Rajoy, y anunció que desde 2012 implementará un plan para que los pensionados no pierdan el poder adquisitivo.

En estudio

Por lo demás, de acuerdo con sus propias palabras y las de sus allegados, están bajo estudio el congelamiento de los sueldos estatales, la implementación de copagos en la sanidad pública, una reforma laboral que modificarían los cambios del año pasado, otra educativa; retirar en 2013 el impuesto al patrimonio y una amplia gama de medidas que procurarán, entre otras cosas, controlar el déficit.
No será fácil. El Gobierno saliente pactó con la UE un desbalance del 6% del PBI para este año -superó el 11% en 2009-, pero son muchos los que estiman que la meta no será cumplida. Para ese asunto, el candidato conservador, en acuerdo con Zapatero (con quien ha pasado de la enemistad insultante entre 2004 y 2008 a tener un diálogo fluido en privado), envió emisarios a Bruselas, donde están las instituciones europeas, y a Berlín y a París, donde está el dinero.
Más allá del buen diálogo, Rajoy nunca se olvida de su herramienta preferida, la ironía. Cuando los socialistas lo critican por los ajustes por venir, el conservador pregunta con el más puro tono gallego: «¿Quién ha impuesto a las comunidades autónomas (provincias) un déficit del 1,3% (que implicó que muchas implementaran recortes en salud y educación)?». «El Gobierno de la izquierda», se responde.
El factor «independiente-no-tecnócrata» de eventuales integrantes del futuro gabinete no es menor. Rajoy, que aspira por tercera vez a la presidencia del Gobierno, debió sortear, tras su fallido intento de 2008, una batalla interna en el PP que alcanzó un nivel de ferocidad inédito en esa fuerza dominada por el caudillo gallego Manuel Fraga Iribarne en el posfranquismo, y por José María Aznar entre 1990 y 2004.
La pelea con el sector conservador de paladar negro y aznarista no está cerrada. Es por ello que algunos leen que el nombramiento de un cuerpo ministerial con el sello de Rajoy, tanto en sus sorpresas como en sus números puestos, será esencial para dominar el barco.Danza de nombresApareció esta semana el nombre de Manuel González Páramo para la cartera económica. Se trata del titular de Economía Aplicada de la Universidad Complutense y miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo. Los nombres danzan y no es fácil distinguir información de interés.
Otro que viene sonando es Rodrigo Rato, quien retornaría al puesto luego de haber pasado por el FMI, aunque no se trataría precisamente de un hombre próximo a Rajoy, sino de un exrival. Se menciona además a Luis de Guindos y al diputado y vocero de la Comisión de Economía y Hacienda, Cristóbal Montoro.
Rato hoy se dedica a la actividad privada como presidente de Bankia y de Caja Madrid, en tanto que De Guindos es hombre de Endesa.Madrid camina a las elecciones más apagadas que de costumbre. Los comentarios de resignación afloran a cada paso.
Entusiasmo, queda claro, no hay. La crisis brinda dos bandas discursivas que parecen de planetas diferentes. Por un lado, el «cambio» de Rajoy frente a un Gobierno al que tacha de «inútil» y una agenda, en parte exigida por Europa e iniciada por Zapatero, que supone severos recortes en derechos que los españoles ya consideraban adquiridos. Por otro, un segmento indignado, descreído, que también se ve frente a un punto de inflexión. Como Joana, una estudiante de Periodismo y Derecho que estudia en una universidad de Madrid y vive en Alcalá de Henares, y le cuenta a Ámbito Financiero que hoy tiene un «encierre» en la facultad y mañana un paro. «Cuando gane el PP, la represión va a subir muchísimo, la Policía va a ser mucho más contundente». Todo indica que, en el futuro inmediato, los planetas discursivos se encontrarán.

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