Ir al contenido principal

Correa, entre la confrontación genuina y un camino riesgoso

Resulta dificultoso mencionar a un gobernante de una democracia occidental que no haya protagonizado en los últimos años una disputa referida a los medios de comunicación de su país. Claro que hay excepciones o diversos grados de intensidad, pero de Francia a Brasil, de Ecuador a Italia, la relación entre el poder político y la prensa saltó a los titulares como nunca antes.

Hay quienes pasan a protagonizar noticias por sus vínculos obscenos con un holding de medios. David Cameron está ahora dando explicaciones por haber sentado a la mesa de las decisiones de Downing Street a los hombres de Rupert Murdoch, a la vez que el premier conservador maniobraba para abrir más puertas a News Corporation.

Otros, especialmente en América Latina, se volcaron a confrontar con grupos de medios líderes, hegemónicos o dominantes. Rafael Correa es uno de los presidentes que van a la vanguardia de esta ofensiva, con apenas menos pompa queHugo Chávez. Algunos de estos mandatarios hilvanan, mientras tanto, otros conglomerados de prensa afines, o manejan con poca sensatez los medios estatales que van creando.

Y está Silvio Berlusconi, caso único, quien tiene metida en un baile a la política italiana hace dos décadas, en la que irrumpió a caballo del casi monopolio de la TV privada.

Hasta el siempre correcto Barack Obama se atrevió en algún momento de su primer año de gestión a decretar un bloqueo informativo a la cadena Fox News (¡de Murdoch!), que lo insulta a diario.

La puja sirvió a algunos gobernantes latinoamericanos para ampliar su base de sustentación al plantarles cara a grupos mediáticos que a lo largo de décadas habían acumulado enemigos a los que les habían hecho morder el polvo; entre ellos, prensa competidora que había sufrido condiciones desiguales y poco democráticas frente al líder.

Sobre los excesos verbales que involucra la batalla de gobernantes y empresas periodísticas, alcanza con escuchar ciertos discursos de Chávez, o leer el exabrupto y la penosa ironía referida a Correa del columnista de El Universo Emilio Palacio(ver aparte).

A caballo de malas artes mediáticas en su contra, que se mezclan con críticas genuinas -función esencial de toda prensa-, Correa frecuenta un combate altisonante. El presidente ecuatoriano suele abrevar en la denostación del «terror mediático».

Hasta allí, la sangre no llega al río. En una democracia, la disputa puede ser de alto calibre, incluso vulgar. El intercambio incluye pecados retóricos, y ello es comprendido como legítimo por las organizaciones pro libertad de expresión más serias y respetadas en el mundo.

Distinto es cuando entran a correr sanciones penales o civiles, abusos de las figuras de calumnias e injurias, o juicios sumarísimos como ariete de la batalla.

La sentencia del miércoles no es exclusiva del Ecuador ni mucho menos. Sí resulta excepcional la magnitud de la pena por un simple artículo de opinión, a la vez que un síntoma de que Correa dio un mal paso al que no se atrevió ni Hugo Chávez. El mandatario venezolano se dotó de legislación que podría ser utilizada con fines de censura si se aplica con un criterio laxo, como la norma de Responsabilidad Social en Radio y TV o una ambiciosa reforma al Código Penal, amén de alguna otra tentación, pero hasta ahora esas herramientas actuaron más como amenaza latente.

A tal punto Correa queda en offside, que ayer se sumaron legítimos reclamos de ONG como Reporteros Sin Fronteras o de veedores de organismos estatales interamericanos que, en su momento, enarbolaron elogios a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual de la Argentina.

Así las cosas, es probable que el mandatario ecuatoriano haya obtenido el miércoles una victoria judicial que lo conduzca a una derrota argumentativa, de la que podría tener difícil retorno.

Entradas más populares de este blog

Damián Pachter y la dignidad del Herald

Escribe Sebastián Lacunza - Director de la edición impresa del Buenos Aires Herald Pasada la medianoche del domingo 18 de enero, un colega me consultó si era "en serio lo del periodista del Herald". Así fue como llegué al ya célebre tweet de Damián Pachter: "Encontraron al fiscal Alberto Nisman en el baño de su casa de Puerto Madero sobre un charco de sangre. No respiraba". De inmediato, me puse en contacto con Pachter, redactor del sitio web BuenosAiresHerald.com, mientras su jefe directo, Pablo Jiménez, había hecho lo propio. Le pedimos a Pachter que redactara la noticia mientras ambos, junto a un editor de Ámbito.com y otro del Herald impreso, nos abocábamos a confirmar el hecho con otras fuentes. Ratificada la información tal cual la había tuiteado el periodista, cerca de las 2:30 subimos la nota al portal del Herald. Por supuesto, con la firma de Damián Pachter. Nadie durmió esa noche. Al día siguiente, felicité a Damián por haber confiado e...

Orgullo y prejuicio del habla rioplatense

Sebastiàn Lacunza Resulta que en el extremo sur del mundo hay un extenso territorio poco poblado, y que antes de ser país fue, al menos durante un par de siglos, bastante ninguneado por el imperio. Que desde los preparativos de su independencia, gran parte de sus intelectuales y dirigentes creyeron tener alma francesa o inglesa, jamás española. Pero más tarde, ese país recibió una gringada inconmensurable, ante lo que otra elite buscó refugio de identidad en la antes despreciada España. Hay más. Ese extraño país negó sus rasgos indígenas hasta donde pudo y fue variando a lo largo de las décadas sus complejos en relación a Europa y, la novedad, Estados Unidos . A la hora de pintar su carácter, muchos coinciden en que esta tierra es, por un lado, bastante tilinga, y por el otro, alberga una creatividad explosiva, que juega y seduce con su habla. Por todo ello y mucho más es que la variante del español que se habla en Argentina adquiere particularidades tan distintivas en cuanto a su ento...

Pablo Casado, o el manual del error para lidiar con la ultraderecha

El presidente saliente del Partido Popular español alternó su posición entre resistir el desafío de Vox y el ala dura de su partido, e imitar su discurso. Finalmente, terminó por no conformar a nadie. Publicado el  26 de febrero Escribe  Sebastián Lacunza   en  Europa En el lapso de siete días, Pablo Casado vio cómo su papel de jefe de la oposición española quedó fagocitado. El 16 de febrero por la noche, el presidente del Partido Popular (PP) fue tomado por sorpresa por un golpe de una rival interna. En horas y días siguientes, desorientó a todo el mundo con movimientos erráticos, midió mal sus fuerzas y terminó pidiendo clemencia para que los “barones” del Partido Popular no lo echaran con deshonra. El tenue auge y la estrepitosa caída de Casado (Palencia, 1981) deben ser analizados en el marco de las lógicas y la tradición políticas de su país, pero también brinda indicios sobre los desafíos que suponen las nuevas derechas rebeldes y, sobre todo, qué es lo que no ...