El sábado me rehusé a mostrar mi mochila a la salida de Coto de Abasto. Cada tanto hago uso de ese derecho. Superado un primer filtro, me topé con el jefe de Seguridad de la sucursal, B., quien se presentó como cabo 1º de Prefectura. Sus consideraciones fueron: "No tengo tiempo para escuchar pelotudeces", "un pelotudo como vos", "escribí lo que quieras (en el libro de quejas) que después me cago de risa cuando lo lea", "no entrás nunca más acá, quedaste filmado", etc. De inmediato, una empleada de Coto me pidió disculpas. Pedí hablar con el jefe de B., quien me escuchó con atención. Le solicité que hiciera volver a B. al lugar del conflicto. El cabo de Prefectura regresó a los cinco minutos y sus palabras fueron: "Le pido disculpas, estuve mal. Estaba tensionado por un problema de afuera". "Bien, espero que no se repita", le dije, y me fui.
Escribe Sebastián Lacunza - Director de la edición impresa del Buenos Aires Herald Pasada la medianoche del domingo 18 de enero, un colega me consultó si era "en serio lo del periodista del Herald". Así fue como llegué al ya célebre tweet de Damián Pachter: "Encontraron al fiscal Alberto Nisman en el baño de su casa de Puerto Madero sobre un charco de sangre. No respiraba". De inmediato, me puse en contacto con Pachter, redactor del sitio web BuenosAiresHerald.com, mientras su jefe directo, Pablo Jiménez, había hecho lo propio. Le pedimos a Pachter que redactara la noticia mientras ambos, junto a un editor de Ámbito.com y otro del Herald impreso, nos abocábamos a confirmar el hecho con otras fuentes. Ratificada la información tal cual la había tuiteado el periodista, cerca de las 2:30 subimos la nota al portal del Herald. Por supuesto, con la firma de Damián Pachter. Nadie durmió esa noche. Al día siguiente, felicité a Damián por haber confiado e...